Complejo de edipo: deseo, realidad, identificación e identidad

Cuando Freud plantea el problema del Edipo se refiere a muchas cosas.
Por una parte, al deseo que es el sujeto, por otro lado a la realidad externa que es el objeto y finalmente la realidad de género que define lo masculino y lo femenino.

El ser humano cuando nace se pone en contacto con esta realidad exterior pero ya es un sujeto desde el primer instante. A partir de aquí, el niño o la niña se pone en contacto con el mundo de la madre y esto va a tener muchas consecuencias. Va avanzando y se va abriendo paso desde una relación dual a otra triangular donde aparecen el padre, los hermanos y los abuelos.

Pero el niño para poder progresar psíquicamente tiene que salir del mundo de la madre. Lo normal, en este contexto, es que si el padre tiene una personalidad bien asentada permitirá una identificación positiva. En el caso de la niña. si tiene un padre con la personalidad bien armada y una madre con una forma de ser mal constituida se identificará con el padre y quedará apegado a este.

El niño aprenderá en este contacto con la realidad externa a descubrir sus límites. Tendrá que renunciar a considerar a la madre como un objeto de deseo pero sin renunciar a que sea un objeto de amor.

También descubrirá la realidad de género y dependiendo de su evolución se decantará por una identidad masculina u otra femenina dando lugar a una homosexualidad o a un lesbianismo.

Mientras más temprana sean las vicisitudes de esta evolución más graves serán las patologías inherentes al complejo de Edipo…

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