Sigmund Freud y sus comienzos

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Publicado en 08/07/2017 por

A mediados del siglo XIX, la aspiración de los pueblos europeos de disponer de sí mismos inflamaba los espíritus de la época. Las dos concepciones que que dominaban el panorama político del momento eran La Ilustración con vocación universalista y el Kultur de inspiración alemana y con una disposición más identitaria. Ambas corrientes entraron en contradicción con los regímenes políticos deseosos de restaurar, bajo nuevas formas, el Antiguo Régimen del mundo.

En ese mundo europeo en mutación también los judíos aspiraban a un ideal de emancipación. Desde 1791 se convirtieron en ciudadanos con todas las de la ley y al mismo tiempo el judaísmo se transformaba, para el Estado laico, en una religión como otra cualquiera dejando de ser la religión madre y la religión del pueblo elegido.

Fue en ese mundo en plena efervescencia, marcado por la urbanización y una germanización graduales de los judíos del reino de los Habsburgo donde nació el padre de Freud, Jacob Kallamon (Kalman) Freud en Tysmenitz, aldea de Galitzia oriental, el 18 de diciembre de 1815, seis después de la derrota de las tropas napoleónicas en Waterloo.

Desde su nacimiento fue para su madre un motivo de orgullo y altivez. Ella lo llamaba ” mi Sigi de oro ” y siempre lo prefirió al resto de sus hijos convencida de que llegaría a ser un gran hombre. Su padre que ahora se adheria a la Ilustración judía pensó que su hijo podría acceder a un destino distinto al de sus antepasados: lo que se encauzó la educación de su hijo al saber y no al negocio.

Fascinado desde su edad temprana por una concepción de la libertad humana, Freud, llegado a la adolescencia, tuvo con respecto a su propia sexualidad una actitud ambivalente. Judío sin Dios, puritano emancipado capaz de dominar sus pulsiones y criticar los perjuicios del puritanismo, presentó de sí mismo la imagen de un rebelde bien ordenado, apasionado desde su infancia por los misterios y extravagancias de la sexualidad humana.

Como la mayoría de las mujeres de su generación las hermanas de Freud no tuvieron otro destino que el de convertirse en esposas, madres o sirvientes y no recibieron ninguna formación intelectual que les permitirá escapar a su condición. Anna fue la única hermana que estudió para ser maestra. En este corazón de parentesco donde las mujeres estaban privadas de todo acceso a un oficio y los primos y parientes cercanos se casaban unos con otros Freud se convirtió en un perspicaz espectador de la evolución de la Familia burguesa y de un modelo antiguo encarnado por su padre y abuelo a nuevo: el de los matrimonios por amor fundado en la libre elección de los futuros cónyuges.

La sociedad de la segunda mitad del siglo XIX amenazaba a dar libre curso a la peligrosa irrupción de lo femenino, es decir, a la sexualidad calificada de histérica o nerviosa juzgada así por no estar sometida a la función materna.

A Sigmund Freud le fascinó la irrupción del deseo femenino que lejos de rechazarlo quería aprehender su significado, explorarlo y verbalizarlo.

Su amistad con Josef Breuer cristalizó, por entonces, en una colaboración más estrecha, que fructificaría finalmente en la creación del psicoanálisis, aunque al precio de que la relación entre ambos se rompiera. Entre 1880 y 1882, Breuer había tratado un caso de histeria (el de la paciente que luego sería mencionada como «Anna O.»); al interrumpir el tratamiento, habló a Freud de cómo los síntomas de la enferma (parálisis intermitente de las extremidades, así como trastornos del habla y la vista) desaparecían cuando ésta encontraba por sí misma, en estado hipnótico, el origen o la explicación. En 1886, luego de haber comprobado en París la operatividad de la hipnosis, Freud obligó a Breuer a hablarle de nuevo del caso y, venciendo su resistencia inicial, a consentir en la elaboración conjunta de un libro sobre la histeria.

Hasta 1905, y aunque por esa fecha sus teorías habían franqueado ya definitivamente el umbral de los comienzos y se hallaban sólidamente establecidas, contó con escasos discípulos. Pero en 1906 empezó a atraer más seguidores; el circulo de los que, ya desde 1902, se reunían algunas noches en su casa con el propósito de orientarse en el campo de la investigación psicoanalítica, fue ampliado y cambió incluso varias veces de composición, consolidándose así una sociedad psicoanalítica que en la primavera de 1908 y por invitación de Carl Gustav Jung, celebró en el Primer Congreso Psicoanalítico.

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