Una intensidad que mata

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Published on 06/10/2024 by

Buenos días a todos los amigos y seguidores del blog !! Hoy quiero hablarles de un problema muy actual: la intensidad con la que vivimos. Este fenómeno se manifiesta en la aceleración y velocidad de nuestras actividades diarias. Es común escuchar a la gente elegir servicios por su rapidez, como empresas que entregan paquetes en dos horas en lugar de cinco. Pero, ¿qué implica esa rapidez?

Para lograr esos tiempos, vivimos con una aceleración inmensa, tanto interna como externa. Nuestra sociedad, centrada en el dinero y la competitividad, nos impulsa a ser rápidos para vender antes que los demás. Vendemos rapidez, además del producto en sí, y esto nos lleva a funcionar como si estuviéramos en una carrera de Fórmula 1.

Esta intensidad también proviene de nuestra estructura interna y de cómo hemos construido nuestras vidas. Muchas veces buscamos rendir mucho y hacerlo todo perfectamente porque necesitamos una buena imagen de nosotros mismos. Este narcisismo, el deseo de vernos fuertes y capaces, está impulsado por la necesidad de una autoimagen positiva que tal vez no se formó bien en nuestra infancia.

La falta de cariño y valoración en los cimientos de nuestra vida deja heridas que intentamos sanar a través de la intensidad y la perfección en nuestras acciones. Sin embargo, esta intensidad mata. No solo físicamente, como en accidentes de coche, sino también emocional y mentalmente. Nos lleva a problemas de salud como ictus, derrames cerebrales, y dificultades en nuestras relaciones personales. La falta de calma y la vida acelerada nos hacen explotar con facilidad y nos vuelven intolerantes y agresivos.

Debemos detenernos y reducir esta velocidad. No necesitamos vivir a un ritmo tan acelerado para ser felices. Tener objetivos más razonables y reducir la cantidad de cosas que intentamos hacer diariamente nos permitirá vivir con más tranquilidad y disfrutar más del camino. La vida no se trata solo de llegar rápido a la meta, sino de disfrutar del paisaje y las experiencias en el camino.

Este lema de detenernos y desacelerar debe guiar nuestro tiempo. Vivir con menos exigencia y presión, disfrutar de la amistad, el amor, y las experiencias cotidianas con más calma, nos permitirá ser más felices. No se trata de acumular riquezas o ser los más rápidos, sino de vivir bien y plenamente. Gracias por escuchar y espero que todos podamos encontrar maneras de vivir con más tranquilidad y disfrute.

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