Psicologia del Ser. Deseo: manantial de vida, camino, apertura y encrucijada

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Publicado en 09/21/2017 por

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El deseo puede enfermar desde sus inicios. Una señora ama de casa, jubilada, me decía recientemente: “Me pongo a limpiar la casa y al rato estoy muy nerviosa. No sé por qué. Tengo todo el día para hacerlo, pero hay algo que me acelera, no puedo dejarlo hasta que no está todo en orden y bien acabado. Antes trabajaba en casas ajenas y me pasaba igual, muchas veces iba mareada por la calle a punto de desmayarme, me tenía que apoyar en los árboles, con el tiempo me di cuenta que tenía que ver con mi aceleración”.

El ser humano nace pletórico de deseos, no solo físicos sino afectivos. Toda esta ilusión puede ser ignorada, maltratada desde el principio. La esperanza se marchita, una tristeza decepción y rabia se apodera del bebé. Una sensación de muerte llena el alma de niño. Empieza a existir más que por la ilusión del amor, por la fuerza de la rabia. Esta ruptura va a tener consecuencias graves.

El desear empieza a ser un problema intenso. La esperanza, la ilusión, el encuentro, el anhelo de compartir todo su amor, de hacer feliz, de crear un oasis lleno de paz, placer y sentimientos se derrumba. Toda una sintomatología aparece, la angustia por la frustración del deseo da paso a una ansiedad que llena el vacío de la ternura. Cada vez que se activa el deseo por las propias necesidades internas aparece toda la sintomatología: rabia, desesperanza, intensificación del anhelo, malestar físico en forma de tensiones musculares, dolores estomacales, alteración de la respiración y el ritmo cardiaco, llanto, nerviosismo, movimientos motores intensos, alteración del sueño etc. Una aceleración interna que se cronifica.

¿Qué ocurre a estas personas? Toda la vida van a estar aceleradas y angustiadas porque cada vez que se active el deseo va a surgir una cascada de síntomas entre ellos una ansiedad grande y persistente. El temor, el sobresalto, el perfeccionismo, la obsesión por el orden, la prisa, la dificultad para escuchar, los cortes en sus actividades para mitigar la ansiedad, el cansancio, el dolor de cabeza, los mareos, un sinfín de síntomas físicos etc, se van a unir a los ya descritos. La vida social, familiar, laboral, íntima, va contaminarse de todo esto y será difícil.

A aquellos que niegan la idea de sujeto en sus teorías, les diría que la psicología profunda avala de un modo aplastante esta idea. No debemos vaciar al ser humano de su dignidad para llenarlo de objetos que se compran y venden en los mercados.

La sociedad puede no recoger, recibir, las expectativas presentes en el ser humano; en este caso se repliega sobre sí mismo convirtiéndose en egocéntrico. La sociedad que construimos debe recoger los deseos, los anhelos, las expectativas, la vocación de todo ser humano para que participen de un modo activo y responsable en la construcción de un mundo que no hace objetos sino sujetos con plena conciencia de su dignidad y valor.

¿Soluciones? Si el problema ha surgido por una decepción grave muy temprana la solución está en una psicoterapia profunda, un psicoanálisis que reorganice todo el interior. Pueden haber soluciones paliativas que alivien un poco los síntomas como relajación, ejercicio físico, natación, yoga etc, pero todo esto no podrá eliminar esta grave patología.

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