La fortaleza asediada: Psicoanálisis del yo: Aliados y enemigos

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Publicado en 12/05/2012 por

 

La fortaleza asediada
Seguramente muchos hemos experimentado esos momentos en que nuestro YO ha sido asediado y a veces ha sucumbido bajo la presión de los problemas: la ansiedad, el estrés, la duda, la culpa, la indecisión, los temores, la angustia, la incertidumbre, las exigencias excesivas, la perfección y los ideales megalomaníacos y delirantes, las dificultades de todo tipo entre ellas la económicas, los riesgos de la vida, la pérdida del trabajo, el excesivo esfuerzo, los conflictos familiares, las numerosas pérdidas a las que nos somete la vida, la decepción, la tristeza, las adicciones que nos arrastran, la indolencia y tantas otras situaciones internas y externas.

 

La vida es en muchos momentos difícil y nuestro yo se ve sometido a grandes esfuerzos. Nuestra fortaleza interior se erosiona como las rocas por la embestida de las olas. Es muy difícil mantener el equilibrio presionados desde dentro y desde fuera por enemigos diversos.

La situación actual pensada y programada deliberadamente es un ataque capitalista a la democracia, a las conquista de tantos años de lucha, a los derechos sociales que muchos quieren convertir en mendicidad y asistencia caritativa. Muchos gobiernos e instituciones europeas y de otros continentes están implicados en esta trama “golpista” que en un clima de guerra sin armas de fuego pretende lograr lo mismo que en otros momentos consiguieron con las armas y otros medios de terror.

A muchos ciudadanos los están hundiendo en una penosa situación económica, en la angustia, en la desesperanza y desesperación. El YO de millones de personas acorralado por tanta presión y atraco no puede hacer frente a este devastador ataque.

La película “El Capital” de Constantin Costa Gavras que pude ver ayer retrata de un modo magistral la situación actual como un golpe de estado económico donde muchos Robin Hood de los ricos y poderosos luchan para someter a la mayoría de los ciudadanos a esclavitud y servidumbre. No debemos ser ingenuos, debemos enfrentarnos a ellos con poderosas “armas” pues ellos no disparan con escopetas de perdigón.

EL YO se asienta en nuestro cerebro, en nuestra mente y en nuestra cultura. Algunos con una mentalidad fisicalista radical reducen la mente al cerebro, no es lo mismo. Nuestro cerebro formado por millones de neuronas entrelazadas, en sinapsis, necesita ese contacto con el mundo para activarse. Es como un vehículo que sólo con el conductor y la gasolina puede ponerse en marcha. Es en esos procesos de interrelación donde surge la capacidad de pensar, la inteligencia. De aquí la importancia del mundo que construimos, pues la información, sana o insana, que llevamos a nuestro cerebro va ser el nutriente de nuestra personalidad, y, este alimento y su procesamiento, nos va a permitir crear una ética y una sociedad mejor o peor. Nuestro cerebro, nuestra mente y el mundo son absolutamente indisolubles en su funcionamiento y actividad. Esos tres pilares son la garantía de un YO sano, fuerte y activo.

Volvamos al YO. EL YO también tiene muchos aliados. Por esto también, debido a éstos, hemos experimentado muchas veces un gran apoyo para nuestro. Nuestro mundo interno y externo nos provee de todos estos recursos. La naturaleza, los demás y la sociedad con su organización nos ofrecen bastantes de las cosas que nuestro yo necesita para vivir.
Uno de los mejores apoyos del yo es la organización de nuestra personalidad. La interrelación que un niño tiene en los primeros años de su vida es fundamental para que su YO esté asentado sobre una organización interior equilibrada.

Un vínculo bueno y sano es aquel que conecta con las estructuras innatas donde no sólo hay reflejos instintivos sino una protopersonalidad social donde hay un núcleo primordial, un yo primordial, en el que ya existen unas protofantasias de relación, unas expectativas de implicación objetal. En estas expectativas reside la esperanza, la fe en la vida, el deseo de compartir, el anhelo de felicidad, un anhelo de fusión pero no de confusión etc. Si este núcleo primordial se frustra, no encuentra en el vínculo lo que necesita, se producirá una desorganización, una formación sustitutiva, que tendrá muchos componentes destructivos como son la decepción, la tristeza, el abandono, la rabia, la culpa, la impotencia, el aislamiento afectivo etc…, todos éstos asediarán al YO, como una fortaleza rodeada por enemigos, y no le dejarán que pueda constituirse y activar todas sus funciones tales como la observación, la atención, el análisis, la síntesis, la elaboración de las ideas, la toma de decisiones y la puesta en acción de estas teniendo en cuenta tanto el mundo interno como el externo.

El YO es el puente entre el mundo interno y externo, establece conexiones, mira hacia dentro y hacia fuera, conecta las dos realidades la psíquica y la social y este análisis le conduce a la toma de decisiones y a la acción. Y así el sujeto puede dirigir su vida con la mayor libertad y responsabilidad posible.

No se debe confundir al YO con la personalidad, con el self. El YO es una parte, una subestructura de nuestra personalidad, se integra en un todo más amplio y su fortaleza no sólo depende de él sino de la buena integración de todo el entramado, de toda la imbricación de la personalidad.
Debemos saber cuidar a nuestro YO. Con frecuencia lo sobrecargamos con ideas, proyectos, preocupaciones. Nuestra sociedad nos presiona con una fuerza tremenda y nuestro YO sucumbe victima de una excesiva carga. Aligeremos esta carga, demos un respiro a nuestro YO, distanciémonos de los problemas para verlos más objetivamente y restarles dramatismo, ayudémonos de todos nuestros aliados y no dejemos que todos estos “atracadores” nos amarguen la vida.

 

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